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Turquía y las políticas de género del partido AKP de Erdogan: el papel de la Unión Europea

  • yleniamajo
  • 21 oct 2025
  • 8 Min. de lectura

Los paradigmas de género y su evolución en Turquía


Los paradigmas de género y su evolución en Turquía deben analizarse desde un enfoque histórico, ya que a través de este método es posible comprender las dinámicas políticas más amplias dentro de las cuales se insertan las relaciones de género y en las que se moldea el papel de las mujeres.




Índice


  • El contexto histórico

  • Las dos fases del gobierno del AKP

  • La influencia de la Unión Europea en la agenda de género

  • El giro autoritario

  • Las herramientas de la narrativa anti-género


El contexto histórico


Podemos observar una gran diferencia entre el período de Kemal Atatürk, fundador del Estado turco, y el de Erdoğan. Atatürk necesitaba que las mujeres encarnaran el discurso en torno a uno de los pilares sobre los que se fundó la Turquía moderna: la modernización y la occidentalización.En cambio, durante el período de Erdoğan, a partir de 2015, el gobierno comenzó a expresar una visión regresiva de las relaciones de género, centrada en la valorización de los roles tradicionales.


Durante el período republicano, los cambios que tuvieron lugar deben entenderse en el contexto de la primera ola del feminismo internacional: las mujeres fueron utilizadas como símbolo del cambio y la occidentalización. Las reformas legislativas y la introducción de las mujeres en la esfera pública se realizaron desde una perspectiva masculina y se dirigieron únicamente a aquellas que encarnaban el ideal kemalista de la mujer turca moderna.


El ideal de igualdad entre hombres y mujeres, promovido durante la modernización de Turquía, nunca se materializó plenamente, ya que la dirigencia política se aseguró de que la presencia femenina en la esfera pública no fuera más allá de una visibilidad simbólica y no se transformara en participación política o en fuerza laboral. En realidad, se trató de un paso de las estructuras patriarcales otomanas a las turcas.


La segunda ola del feminismo llegó tarde a Turquía, después del golpe de Estado de 1980. Se puede resumir con el lema “lo personal es político”: por primera vez, las propias mujeres empezaron a reclamar cambios en temas como la sexualidad, la violencia contra las mujeres y el uso del velo.


La tercera ola del feminismo turco, que comenzó en la década de 1990, está estrechamente vinculada a las políticas identitarias. Con la posible adhesión de Turquía a la Unión Europea, grupos de mujeres de diferentes contextos —como las kurdas y las islamistas— presionaron para que sus intereses fueran incluidos en la adopción del acquis communautaire.


La Unión Europea apoyó a la sociedad civil financiando programas para incentivar la participación desde abajo (bottom-up), promoviendo la proliferación de redes de asociaciones y ONG.


Las dos fases del gobierno del AKP


Es posible identificar dos fases en el período del AKP:

  1. 2002–2011, caracterizada por una fuerte integración con la sociedad civil, de la cual el partido se presentaba como representante, y

  2. 2011 hasta la actualidad, marcada por un cambio de rumbo y un cambio de discurso.


En sus dos primeros mandatos, el AKP, autodenominado conservador-democrático, actuó como un partido de centroderecha más que como uno de extrema derecha y populista, representando al electorado islámico conservador sin alienar las demandas de otros sectores, en un contexto de democratización progresiva impulsada por el proceso de adhesión a la Unión Europea.


Sin embargo, entre 2011 y 2015, el partido se transformó en un movimiento nacional-populista, estableciendo un sistema electoral autoritario mediante la imposición de una nueva Constitución. Después de obtener el 50% de los votos en las elecciones de 2011, la ambición de convertirse en miembro de la UE desapareció de la agenda política del AKP.


Esta periodización del gobierno del AKP también se refleja en sus políticas de género. En la primera fase, se promovieron políticas en línea con las exigencias de la Unión Europea y se implementaron importantes reformas legales, gracias también a la colaboración con un movimiento feminista vibrante. Ejemplo de ello fue la promulgación de la Ley 6284 contra la violencia doméstica, tras un aumento alarmante de casos en 2007, y la firma del Convenio de Estambul.


No obstante, en la segunda fase se consolidó una creciente islamización de las políticas, que reforzaban el papel de las mujeres como madres y esposas mediante un sistema de bienestar social basado en la familia. Para la agenda neoliberal del AKP, la familia es aliada del Estado.

Un ejemplo ilustrativo es el Programa de Transferencias Monetarias Condicionales, lanzado en 2003, que ofrecía subsidios a las madres para la educación y la salud de los hijos, trasladando así las responsabilidades de la seguridad social del Estado a la familia, y especialmente a las mujeres. En este sistema, las mujeres dedicadas al trabajo de cuidado son incentivadas a permanecer en casa mediante estas ayudas y desalentadas a participar en el mercado laboral.



La influencia de la Unión Europea en la agenda de género


Las políticas de género que el AKP promovió en su primera fase fueron coherentes con el proceso de adhesión a la Unión Europea iniciado tras la Cumbre de Helsinki. Las condiciones impuestas por la UE fueron el principal motor de los cambios en las políticas de género, junto con las presiones provenientes de los movimientos feministas turcos del período posterior a 1980.

Un ejemplo de estas políticas es el Programa de Salud Reproductiva, lanzado en 2003 y financiado por la Unión Europea. Este programa no se ocupaba solo de la maternidad y la planificación familiar, sino también de las enfermedades de transmisión sexual, y no se dirigía únicamente a mujeres casadas, representando un avance hacia la libertad sexual.


Otros progresos importantes se dieron con la reforma del Código Penal: en el anterior, los delitos sexuales se definían como ofensas al orden social, familiar y moral, ya que el cuerpo y la sexualidad de las mujeres eran considerados propiedad del marido y de la sociedad. Con la nueva ley, los delitos sexuales se definieron como crímenes contra individuos, incluyendo la violación conyugal y las pruebas de virginidad.


Otro avance fue la creación de refugios para mujeres, un paso fundamental hacia el reconocimiento de la violencia doméstica como un problema político.


El giro autoritario


Tras las elecciones de 2015, cuando el partido prokurdo HDP logró un éxito electoral que privó al AKP de su mayoría parlamentaria, el partido gobernante enfrentó por primera vez una coalición popular-democrática que desafió su narrativa populista. El AKP respondió con una ola de autoritarismo, agravada por el intento de golpe de Estado de 2016 protagonizado por la comunidad de Gülen.


La postura más beligerante de Turquía hacia la Unión Europea, acentuada por la crisis de refugiados y el estado de emergencia, influyó profundamente en las políticas de género. El gobierno empezó a expresar abiertamente su visión regresiva sobre las relaciones de género, con el apoyo de círculos políticos y académicos, debilitando las políticas de género impulsadas por la UE.


Un ejemplo de ello fue la exclusión de las organizaciones feministas del comité de monitoreo del Convenio de Estambul, compuesto únicamente por organizaciones aprobadas por el gobierno.

Existe una fuerte relación entre el inicio de la tendencia autoritaria del AKP y el debilitamiento de la protección de los derechos de las mujeres. El partido no tolera opiniones disidentes, y en este contexto, los movimientos feministas representan una amenaza, pues han logrado organizarse —a pesar de su heterogeneidad interna— para obtener reformas como las del Código Civil y Penal (en 2001 y 2005).


Las protestas de Gezi de 2013 demostraron la vitalidad de los movimientos de mujeres y LGBT, ante las cuales Erdoğan respondió con una narrativa de tono islámico y populista, cargada de retórica alarmista en torno a las cuestiones de género.


Las herramientas de la narrativa anti-género


La nueva narrativa de Erdoğan se basa en una dicotomía: la madre anatolia, madre de los mártires, velada, casta y virtuosa, frente a las mujeres rebeldes, sexualmente activas e inmorales, consideradas enemigas internas vinculadas a potencias extranjeras. Cuanto más las mujeres afirman sus derechos, más violenta y misógina se vuelve la reacción masculina.

Un instrumento fundamental para reafirmar esta imagen son los medios de comunicación y los discursos públicos, destinados a alinear las percepciones de la población con la visión de las autoridades políticas.


Estos discursos, que enfatizan la necesidad de que las mujeres tengan más hijos, limiten el aborto, se casen pronto y se vistan modestamente, también son promovidos por líderes de órdenes religiosas y profesores de teología.


Asimismo, los líderes del AKP se sirven de organizaciones de la sociedad civil como KADEM (Asociación de la Mujer y la Democracia), fundada por la hija de Erdoğan, y TÜRGEV (Fundación para la Juventud y el Servicio Educativo). Estas organizaciones se han descrito como “ONG organizadas por el gobierno”, es decir, que no son independientes sino que sirven al Estado.


Al mismo tiempo, las organizaciones independientes de mujeres han visto rechazados sus proyectos de financiación y han sido excluidas de los encuentros internacionales de la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW).


El objetivo principal de KADEM es promover la conciencia de los valores tradicionales entre las mujeres turcas, reemplazando el concepto de igualdad de género por el de justicia de género. Este concepto, basado en los valores islámicos, subraya las diferencias naturales entre los dos sexos, de las cuales derivan distintas funciones y responsabilidades: los hombres deben proveer y proteger a la familia, y las mujeres deben cuidar de los hijos y de las tareas domésticas.


La presidenta de KADEM sostiene que de este modo se podrán reconocer las diferencias entre y dentro de los sexos, diferencias que el feminismo igualitario habría ignorado. Esta nueva concepción, que insiste en divisiones naturales e inmutables, prepara el terreno para legitimar la división familiar del trabajo y el papel subordinado de la mujer como madre y esposa, preservando así las estructuras patriarcales.


Erdoğan también ha declarado:

“No creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Creo en la igualdad de oportunidades. Hombres y mujeres son diferentes y complementarios.”“No se puede poner a hombres y mujeres en la misma posición, porque eso contradice la creación.”

Este era el pacto social que el AKP estableció con las mujeres —que constituyen más del 55% de su electorado—: la adhesión a las normas tradicionales de género, la obediencia doméstica y la devoción política a cambio de bienestar social, empleo para los hombres y, por tanto, seguridad familiar.



En resumen


Para comprender las dinámicas de las relaciones de género en Turquía, es indispensable analizar el contexto internacional y las relaciones de poder que sustentan la sociedad.

Los modelos normativos sobre la imagen de las mujeres desde los primeros años de la República turca han estado moldeados también por necesidades estratégicas e identitarias.

Las reformas legislativas impuestas desde arriba, aunque mejoraron las condiciones de las mujeres, reprodujeron las estructuras patriarcales existentes, sin permitirles ir más allá de los límites establecidos por la clase dominante en el poder.


Solo a partir de 1980 el feminismo turco comenzó a expresar las verdaderas necesidades de la población femenina.


Durante la fase del gobierno del AKP influida por la Unión Europea, en el marco de una posible integración, se adoptaron medidas significativas en favor de la libertad y la protección de las mujeres frente a la violencia y el abuso sexual. Sin embargo, los dictados del neoliberalismo impusieron nuevas cargas que desincentivaron su participación profesional.


Retomando un concepto de la historiadora estadounidense Joan Scott, las diferencias percibidas entre los géneros en un momento histórico determinado son un instrumento para dar sentido a otras relaciones de poder. Así, en Turquía, la actitud conservadora del AKP está relacionada con la nueva fase autoritaria que se inauguró tras el éxito electoral del partido HDP.

Surge así una nueva narrativa que, apoyándose en el poder legitimador de la religión, se basa en una diferenciación constitutiva y esencial entre hombres y mujeres, que se proyecta en el plano social.


Este es el marco que nos permite comprender los procesos políticos y sociales que han involucrado no solo al partido gobernante, sino también a la sociedad civil, y que condujeron a la retirada de Turquía del Convenio de Estambul el 1 de julio de 2021.


Gracias por la lectura.


Hasta pronto,


Ylenia


  1. Arat, Y., “Religion, Politics and Gender Equality in Turkey: implications of a democratic paradox?”, Third World Quarterly.

  2. Aybars, A. İ., Copeland, P. & Tsarouhas, D., “Europeanization without substance? EU– Turkey relations and gender equality in employment”, Comparative European Politics.

  3. Diner, Ç., “Gender politics and gongos in Turkey”, in Turkish Policy Quarterly.

  4. Lobato Gonzalez, P., “Reshaping the Role of Women in Politics: The Case of Turkey”, e-international relations.

  5. Ozkazanc, A., “Gender and authoritarian populism in Turkey: the two phases of AKP rule”, in Open Democracy.

  6. Telseren, A., “Changing Gender Politics in Turkey throughout the 2000s: A Feminist Analysis of Gender Policies Pursued by Justice and Development Party (Adalet ve Kalkınma Partisi - AKP)”, Governments, Interdisciplinary Political Studies.

 
 
 

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