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Cuando el amor se convierte en una cuestión social: las contribuciones del feminismo negro de bell hooks

  • yleniamajo
  • 1 oct 2025
  • 10 Min. de lectura

Para quienes no la conozcan, bell hooks (1952–2021), estadounidense, fue (y sigue siendo) un ícono del feminismo negro. En este artículo hablaré de su libro Todo sobre el amor. Nuevas visiones (edición italiana 2022), que considero extraordinario y revolucionario, ya que propone llevar al terreno político el debate sobre el concepto de amor. La herencia de Erich Fromm, quien en El arte de amar (1986) sostenía que el amor debía convertirse en un fenómeno social además de individual, es muy fuerte.


bell hooks sostiene que nuestras vidas están caracterizadas por un gran vacío de amor y una fuerte necesidad de ser amadxs, carencias que ella atribuye al sistema de valores capitalista que impregna nuestras sociedades. El materialismo crea un mundo de narcisistas patológicos, donde solo importa el “yo”, cuyo único objetivo en la vida es satisfacer sus propias necesidades y consumir; generando una cultura en la que las cosas valen más que las personas y en la que se está dispuesto a matar por un bien de lujo. El consumismo difunde la creencia de que toda necesidad puede satisfacerse mediante el crecimiento material: se aprovecha del vacío de amor para mantener a las personas en un estado constante de carencia, incrementando el deseo de tener y empujándolas a comprar.


En este contexto, la ética del amor se revela en toda su necesidad: el consumismo trasladado a las relaciones induce a las personas a creer que estas solo sirven en la medida en que satisfacen instantáneamente los deseos individualistas, mientras que amar de forma auténtica significa invertir tiempo y esfuerzo.


¿Pero cómo llegamos históricamente a esto?

En Estados Unidos, hacia finales de los años 70, tras el fracaso de los movimientos radicales por la justicia social, la gente dejó de hablar de amor. Los hippies y sus prácticas amorosas no lograron reorganizar el sistema en torno a los valores de paz, amor y justicia. Así, el culto al dinero y al materialismo se impuso: era un reflejo de las necesidades imperialistas perseguidas por la política exterior estadounidense, en la que las grandes empresas jugaban un papel importante. Como consecuencia, los ciudadanos pobres comenzaron a ser privados de los servicios sociales financiados por el Estado, mientras enormes sumas de dinero se destinaban al gasto militar.


Este cambio cultural trajo consigo una reorientación de modelos e íconos de referencia: la admiración hacia líderes políticos y activistas visionarios fue sustituida por la adoración a los ricos y famosos, estrellas de cine y cantantes. Otro efecto fue la normalización de la ostentación de lujos materiales, incluso en las comunidades pobres: una de las pocas formas que tenían los pobres de enriquecerse era a través del dinero fácil proveniente de la industria de las drogas callejeras.


¿Cómo traer amor a nuestras vidas?

En primer lugar, para emprender lo que bell hooks llama “viaje hacia el amor”, necesitamos aclarar bien nuestra meta. Entonces, ¿qué es el amor?

Muchas personas sostienen que el amor asume significados subjetivos y distintos según cada persona, pero, según la autora, esto ocurre porque una definición precisa del amor las llevaría a reconocer la ausencia de amor en sus propias vidas. Sin embargo, admitir y afrontar la falta de amor en nuestras relaciones fundamentales, ya sean del presente o del pasado, es el primer paso hacia la auto-sanación.


El primer punto que toca la autora es que el origen de la dificultad de amar reside justamente en la confusión alrededor del significado de amar: no existe una definición compartida y se da por sentado que se sabe instintivamente cómo se ama.


Mientras lees estas líneas, todos, conscientes o no, tienen una concepción del amor, tanto por las ideas difundidas sobre el amor en libros o películas, como por la manera de amar que hemos interiorizado: la forma en que fuimos amadxs durante la infancia.


Sin embargo, crecimos en una cultura que nos dice que tarde o temprano el amor romántico llegará automáticamente para nosotrxs, independientemente del dolor vivido en nuestra infancia. Claro, las relaciones sentimentales tienen el potencial de redimir nuestras heridas de amor, pero solo si estamos “preparadxs para ser salvadxs”. De lo contrario, todos los vínculos se convierten en espacios para repetir patrones antiguos.


Por esto, debemos dar un primer paso asumiendo la responsabilidad de nuestro bienestar: debemos sanar las heridas del pasado, las traiciones y la negligencia emocional de nuestros padres antes de liberarnos de los modelos aprendidos, de la certeza inconsciente de que nadie nos podrá amar tal como somos, y solo entonces podremos desarrollar el sentido del amor dentro de nosotrxs y reescribir nuestras memorias.


Pocos escritores hablan del vínculo entre la falta de amor en las familias y los modelos patriarcales, donde algunos aspectos considerados amorosos coexisten con prácticas de dominación y abuso. Pero el amor y el abuso no pueden coexistir: una familia que te ha abusado, descuidado o maltratado no te ha amado.


El modelo familiar predominante dentro del sistema patriarcal es el de la familia nuclear. Un terreno muy fértil para los abusos de poder, ya que dentro de este pequeño núcleo, los padres ejercen pleno poder sobre sus hijxs. La autora la define como “la única esfera de poder institucionalizada que puede ser tranquilamente autocrática y fascista”. Nos recuerda que los niños no tienen las herramientas para organizarse colectivamente y denunciar los abusos y maltratos sufridos dentro de la familia. Lamentablemente, es sentido común pensar que esto ocurre solo en familias pobres, mientras que los abusos y el abandono emocional también son frecuentes en familias acomodadas o muy ricas.


Cuando la familia forma parte de una comunidad más amplia, como una familia extensa, hay más variabilidad y mayor posibilidad de que los niños encuentren un adulto amoroso. A pesar de que muchos estudios confirman que la familia nuclear patriarcal es predominantemente disfuncional, muchas personas continúan sosteniendo que es el ambiente ideal para criar a lxs hijxs. Es importante tener en cuenta que la familia nuclear patriarcal privatizada no solo es reciente, sino también minoritaria en comparación con otras organizaciones familiares en el mundo.


Además, muchas sociedades, como la estadounidense, normalizan la patología: se transmite el mensaje de que todas las familias están un poco desordenadas, que “son así” y que es anormal creer que alguien pueda tener una familia funcional y amorosa.


Según la autora, es en las comunidades donde se aprende a amar como remedio al individualismo desenfrenado y a los límites de la familia nuclear. Ella define comunidad como “una agregación de individuos que han aprendido a comunicarse honestamente entre sí, cuyas relaciones van más allá de las máscaras de la apariencia, y que han asumido seriamente un compromiso de ‘alegrarse juntos, llorar juntos’ y de ‘estar bien juntos y asumir como propios los problemas de los demás’”.


La autora sostiene que si no se experimenta el amor en la familia en la que nacimos, es en la amistad donde tenemos la oportunidad de conocer un vínculo íntimo, sincero y profundo y, por lo tanto, el amor. No obstante, se nos enseña que la amistad no debe recibir la misma importancia que los lazos familiares o románticos: hemos sido educadxs para creer que las relaciones sentimentales deben ser veneradas por encima de todo.


bell hooks explora además el entrelazamiento entre amor y patriarcado: sostiene que luchar por la abolición del patriarcado representa un paso hacia el amor.


En nuestra sociedad, la manera de amar de hombres y mujeres es diferente: a la mayoría de los niños se les enseña a comportarse como si el amor no importara y a ser racionales, mientras que a las mujeres se les confía la tarea de ocuparse de los sentimientos y emociones. La presión para adherirse a los modelos patriarcales provoca que muchos hombres se distancien de sus sentimientos y de los sueños románticos. Se les pide a los hombres que muestren un falso yo, que sean fuertes y que no den señales de estar heridos, solos, tristes o de llorar.


Si los hombres fueran socializados para desear el amor tanto como se les enseña a desear el sexo, presenciaríamos una revolución cultural. Actualmente, la mayoría de los hombres se preocupa más por la satisfacción y el rendimiento sexual que por la capacidad de dar y recibir amor.


La autora pone de relieve la existencia, dentro de la cultura patriarcal, de una asimetría entre hombres y mujeres, especialmente en cuanto al amor recibido. Por un lado, casi todos los hombres sienten que reciben amor y saben lo que es ser amados: perciben el amor como algo que les corresponde y que pueden recibir sin esfuerzo. Por otro lado, muchas mujeres desean el amor, pero esta necesidad rara vez se satisface.


La interiorización de la idea de que nunca conocerán un amor pleno las lleva a conformarse con parejas insatisfactorias solo para aliviar el dolor y sentir tranquilidad. A menudo queremos una pareja madura, confiable, afectuosa, presente, sensible y amable, y cuando nos damos cuenta de la discrepancia entre lo que deseamos y lo que hemos aceptado, el miedo a quedarnos solas y sin pareja nos lleva a conformarnos con alguien incompleto.


Esto también se debe a la idea dominante de que cuando nos enamoramos no tenemos elección, que cuando algo surge nos sobrepasa. Pero la autora insiste en que es posible, y de hecho recomendable, evaluar a una pareja de manera crítica, con lucidez y protegiendo nuestras propias necesidades.


A este punto, la autora reflexiona sobre el significado de “amar” y, en particular, sobre su dimensión espiritual.

El amor no es solo un sentimiento, sino una acción concreta, una promesa y un compromiso nacido de una elección consciente que implica asumir su responsabilidad.

Amar, según bell hooks, significa reunir varios elementos: cuidado, afecto, reconocimiento, respeto, compromiso, confianza, honestidad y comunicación abierta.


Por supuesto, en muchas familias se brinda mucho cuidado a lxs niñxs, pero eso no basta: el amor puede estar completamente ausente; ambas cosas no son incompatibles.

Lo que más me ha impactado de este libro es que la autora considera el amor una práctica espiritual, una alianza sagrada que despierta el deseo de alimentar el crecimiento espiritual propio o ajeno.


Ella concibe la comunión con el otro, y el abandono en el otro, como una forma de experimentar la trascendencia y realizarse plenamente como seres humanos. Además, la misteriosa conexión entre nuestra alma y la de otra persona puede reconectarnos con nuestra propia alma y ayudarnos a redescubrir nuestro verdadero yo, descubriendo y realizando nuestro potencial más profundo. En palabras de la autora: “la conexión del alma es la resonancia entre dos personas que reaccionan ante la belleza sustancial de la naturaleza individual del otro, más allá de su fachada, y se encuentran en un plano más profundo.”


Cuando se habla de espiritualidad, no se hace referencia a ninguna religión específica, sino al reconocimiento de nuestra dimensión interior, nuestra alma, que nos hace sentir más conectadxs con el resto del mundo y con la existencia, y a la pluralidad de caminos para acercarnos a ella.

La autora se opone a ciertas prácticas New Age centradas en el perfeccionamiento individual más que en la aplicación de los principios de amor dentro de una comunidad.


Para ella, la práctica espiritual no se limita a retiros o a la lectura de un buen libro, sino sobre todo a la acción concreta, que representa la manifestación exterior de una mentalidad centrada en la valoración de la interconexión entre los seres humanos.


bell hooks afirma que a nivel contracultural se está gestando lentamente un despertar espiritual, que se afirmará con mayor fuerza cuando la moda del ateísmo y otras narrativas dominantes que oscurecen nuestro deseo de evolucionar espiritualmente cedan paso a nuestra autenticidad.


El desierto espiritual de nuestras vidas es un terreno perfecto para la codicia material y el consumo excesivo: en un mundo sin amor, la pasión por crear vínculos puede ser reemplazada por la pasión por la posesión, también porque las necesidades materiales se satisfacen más fácilmente.


Vivir según la ética del amor significa ser íntegro y comprometerse en la creación de vínculos sólidos, anteponiendo el valor de la vida humana a las mejoras materiales.

La integridad implica unir pensamiento y práctica y no aceptar ciertas contradicciones. La autora cita un ejemplo: en Estados Unidos, la mayoría de los ciudadanos declara estar en contra de la violencia doméstica.


Por otro lado, cuando se les explica que solo el fin del patriarcado podrá acabar con la violencia de género, se pone de manifiesto la gran brecha entre los valores declarados por estas personas y su disposición a vivirlos plenamente. Esto representa una traición a sus propios valores, también dictada por el miedo a cambios radicales.


¿Pero por qué necesitamos el amor en nuestra sociedad?

El último punto que quiero compartir se refiere al poder transformador del amor en el ámbito de la res publica.

bell hooks sostiene que si todas las políticas públicas se crearan con un espíritu de amor, dejarían de existir problemas como el desempleo, la falta de vivienda, la drogadicción y la insuficiencia del sistema educativo.


Si tantos ciudadanos norteamericanos aceptan las reglas del neoliberalismo económico, que siembra degradación social, malestar y guerra, es porque la maquinaria capitalista los ha empujado a recluirse en la esfera privada y a no ver los vínculos entre lo personal y lo político, entre la historia individual y la sociedad, entre la vida íntima y el mundo. Por el contrario, la ética del amor nos permite realizar realmente la idea de democracia contenida en nuestra Constitución, sustituyendo la cultura del “yo” por la del “nosotros.”


La autora habla del poder transformador del amor apoyándose en el lugar que ocupa en todos los grandes movimientos por la justicia social. Martin Luther King, en La fuerza del amor (1967), enfatiza el amor como fuerza activa que une todas las vidas en la lucha por poner fin a la opresión.


También necesitamos llevar el amor al entorno laboral para transformarlo, convirtiéndolo en un lugar capaz de garantizar nuestra realización personal: el trabajo debe ser bueno, satisfactorio, digno para quienes lo realizan, útil y agradable para quienes se benefician de él. Nuestra capacidad de amar también se ve influida por nuestro trabajo, ya que quienes están frustrados laboralmente arrastran esa sensación de miseria y humillación a la familia.


Si el comunismo sufrió una derrota global, el ideal comunitario no dejó de importar. En todo el mundo, hombres y mujeres toman mayor conciencia de la importancia de vivir de forma simple y compartir recursos. La elección de vivir con sencillez incrementa inevitablemente nuestra capacidad de amar. Así se aprende a practicar la compasión, afirmando diariamente nuestro vínculo con la comunidad mundial.


De este modo, podemos enfrentarnos a los grandes enemigos de la contemporaneidad: el individualismo extremo y la lógica materialista, mediante la fuerza de nuestras pasiones, nuestros sueños y la creación de una comunidad solidaria y amorosa, reconociéndonos como parte de un todo en el que lo humano es solo una ínfima parte. El amor es una necesidad humana, y toda sociedad que excluye el desarrollo del amor está condenada a perecer por su contradicción con la naturaleza humana.


Gracias por la lectura.


Hasta pronto,Ylenia

 
 
 

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